La nueva promesa de la industria nuclear en Argentina: los reactores G3+
Cuando el tsunami de Japón generó la crisis nuclear de Fukushima en 2011, Argentina no solo ratificó su decisión de incrementar de un 6% a un 15% la participación de la energía atómica en su matriz eléctrica, sino que comenzó la construcción del prototipo de la Central Argentina de Elementos Modulares (CAREM), la primera central de potencia nuclear de diseño latinoamericano, con el objetivo de que antes de 2020 se convierta en una de las protagonistas de la próxima generación de reactores.
El concepto del CAREM se presentó por primera vez en el año 1984, siendo una de las propuestas pioneras para reactores de hasta 300 Mw con posibilidad de escalarse formando clúster. Además, el diseño elaborado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la firma Investigaciones Aplicadas (INVAP) se posiciona en lo que lo que la comunidad nuclear denomina G3+ (generación tres más): suple subsistemas externos como presurizadores y bombas de agua refrigerante por sistemas naturales que funcionan dentro del recipiente del reactor. De este modo, se redujeron la cantidad de componentes frágiles y las zonas de contacto con el exterior.
Por otra parte, se incorporó un innovador sistema de seguridad hidráulico para eliminar la dependencia de fuentes energéticas externas, con un funcionamiento pasivo. Ante cualquier desequilibrio en el reactor, se produciría la caída de las barras de grafito por la gravedad, y estas absorberían los neutrones provocando el apagado en dos segundos. Durante 36 horas la central no requeriría auxilio externo. “Un tsunami jamás hubiera sido problema” aseguran en la CNEA con un ojo en Fukushima.
Al menos en lo que a tecnología se refiere, al reactor argentino no le faltan avales para competir. “Fue uno de los 16 nuevos diseños seleccionados entre 100 por Generation IV International Forum como viables antes del 2020” destaca Miguel Schlamp, coordinador del proyecto CAREM 25, tal como se bautizó al reactor prototipo.
Pero lo mejor es que los pequeños reactores de G3+ parecen ser una de las promesas de la industria nuclear. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) estima que para el 2030 existirán al menos 43 de estas centrales funcionando en el mundo y 96 en un aniversario optimista; incluso un documento del Departamento de Energía de EEUU (DOE por sus siglas en inglés) y elaborado por el Energy Policy Institute de Chicago no dudan en recomendarlos como una de las posibilidades para que EEUU retome el camino competitivo en el sector nuclear. Por lo pronto, oferentes como Rusia o la francesa Areva decidieron sumarse a la carrera.
¿La razón? La energía nuclear es la única que puede garantizar el provisión energética reduciendo las emisiones de gases invernadero, y este tipo de centrales no solo son más seguras y con tecnologías comprobadas sino que demandan mucho menos capital, algo fundamental para una industria capital intensiva y vulnerable a los costos financieros, asegura el documento firmado en junio del año pasado en Chicago.
Por otro lado, son más adecuadas para atender mercados con redes eléctricas de pequeña potencia o zonas geográficas aisladas de los sistemas de red, algo habitual para atender los mercados emergentes, los más dinámicos en demanda de energía.
Puedes ponerte en contacto con Juan en juan.dalmasso(at)gmail.com
Related posts:








